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Las cenizas del abuelo

Baño antes y después del flip de Gurruchaga 2218, imagen de qué se encuentra en las casas viejas

Lo que aparece dentro de una casa vieja: las historias que ningún curso de flipping te cuenta

Nadie pregunta qué se encuentra en las casas viejas hasta que le toca vaciar una.

Cuando comprás una casa vieja para flipear, no comprás solo paredes.

Comprás todo lo que quedó adentro.

Y a veces lo que quedó no está en ningún curso.

Baño antes y después del flip de Gurruchaga 2218, imagen de qué se encuentra en las casas viejas
Flip de Gurruchaga 2218. Flipping Manager: Laura Casas.

La cajita en el placard alto

Hace unos años compré la casa de una pareja mayor. Cuando fui a verla, ya comprada, encontré lo típico. Ropa colgada. Vajilla en la alacena. Fotos en las paredes. La familia había dejado todo.

Empezamos a sacar. Contratamos gente, cargamos camionetas. Fueron días.

Hasta que apareció una cajita chica en un placard alto.

La abrí con cierta curiosidad. Adentro había una placa con dos fechas: nacimiento y muerte. Y una bolsa cerrada con polvo gris.

Eran las cenizas del abuelo de alguien.

Me quedé con la caja en la mano un rato largo. ¿Qué hago con esto? No podía tirarlas a la basura. No podía dejarlas en el flip. No tenía a quién devolverlas.

Ese fin de semana salimos con mi mujer en lancha. Las arrojamos al mar. Me pareció el destino menos peor.

El señor Guyot

Otra historia parecida tiene Lau. En el 92, su mamá compró una casa en Parque Chacabuco para flipear. La había hecho un matrimonio francés de apellido Guyot, que también dejó todo: sombreros en cajas, libros en francés, muebles. Se mudaron ahí mientras hacían la obra completa.

El papá se levantaba de noche a hablarle al señor Guyot. Le decía que los chicos tenían colegio, que no hiciera más ruido. En serio, le hablaba.

Regalaron los libros a un geriátrico francés. Vendieron los muebles. La casa la dieron vuelta como buen flip.

Nunca les contaron a los nuevos dueños sobre el señor Guyot.

Capaz sigue estando.

Qué se encuentra en las casas viejas, casi siempre

Estas dos son historias extremas. Lo habitual es menos cinematográfico y no menos revelador: ropa colgada en los placares, vajilla completa en la alacena, fotos enmarcadas, cartas atadas con hilo, herramientas oxidadas, remedios vencidos, cajas de zapatos con papeles que alguien guardó durante cuarenta años.

Lo que dejan los dueños al vender una casa casi nunca es un descuido. Es cansancio. Mudarse agota, y lo último siempre queda. Cuando además la venta viene de una sucesión o de una mudanza a un geriátrico, no queda algo suelto: queda todo.

Por eso comprar una casa con cosas adentro es la regla y no la excepción. Y por eso no hay dos propiedades usadas iguales: cada una llega con su propia sedimentación de vida.

También aparece lo que nadie querría encontrar: humedad tapada con pintura fresca, una instalación eléctrica de los años sesenta, un contrapiso hecho dos veces. Pero eso se presupuesta. Lo otro no.

Qué hacer con lo que queda

Con los años armé un criterio simple, más humano que técnico.

Hay cosas que se tiran sin culpa. Hay cosas que se donan o se venden, y ahí conviene llamar a alguien que compre lotes completos: te ahorra días de camioneta y a veces te paga el flete. Y hay una tercera categoría que no es basura ni mercadería: documentos, fotos familiares, objetos religiosos, restos. Eso no se descarta. Eso se intenta devolver.

El camino es avisarle a la inmobiliaria, al escribano o al martillero que intervino en la operación, y dejar constancia por escrito de que apareció. Si del otro lado no aparece nadie, la decisión queda de tu lado, y conviene tomarla con respeto y no con apuro.

Lo mejor, igual, es prevenir. Pactar en el boleto que la propiedad se entrega desocupada y libre de objetos, con fecha cierta, es una cláusula de treinta palabras que casi nadie escribe y que resuelve la enorme mayoría de estos casos.

Con todo, la cláusula no te salva del momento incómodo. Alguna vez vas a estar parado en un comedor vacío, con un álbum de fotos en la mano, mirando caras de gente que no conocés y decidiendo por ellos. Eso también es el trabajo.

Junté muchas historias reales de flipping en estos años, y las que me acuerdo de memoria casi nunca son las de mejor margen. Son estas. Las casas antiguas hablan, y el que compra es el último que las escucha antes de que empiecen a decir otra cosa.

Una parte del oficio que nadie te avisa

Si alguien me pregunta hoy qué se encuentra en las casas viejas, no contesto con un inventario. Contesto con estas dos historias.

Las propiedades vienen con historia. La mayoría, con historias comunes. Algunas, con historias que no podés inventar.

Es una parte del oficio que nadie te avisa.

Y cuando te toca, te tenés que arreglar solo.

Ningún curso lo cubre. Las guías sobre qué es el flipping inmobiliario te enseñan a comprar bien, a presupuestar, a dirigir la obra y a vender. Ninguna te enseña qué hacer con una caja que no es tuya.

Y sin embargo es ahí, en esas casas antiguas llenas de objetos olvidados, donde aparece el lado humano del oficio: el que hace que esto no termine de ser nunca del todo un negocio.

Virgilio Raiden

Experto en flipping inmobiliario | +100 operaciones en Estados Unidos y Argentina | Autor de Compra, Remodela, Vende, Gana | Fundador y Director de Flipping Master

Cada nota de este blog responde una duda real del flipping inmobiliario. Si querés aprender el método completo paso a paso, tenés varias opciones:

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